Son aquellas hipotecas comercializadas por los bancos, mayoritariamente entre los años 2006-2008, en divisa extranjera «franco suizo o yen» como una alternativa para hacer frente a la subida de los tipos de interés, lo que permitía pagar la deuda a un interés más bajo referenciado al LIBOR.

A finales del año 2000 la depreciación del euro frente al yen provocó un aumento de cuotas sin aviso ni recomendación de cambio de divisa. En la mayoría de casos, a pesar de llevar varios años abonando el préstamo, los clientes se encuentran con una deuda hipotecaria superior aun a la inicial.

El problema surge cuando a la hora de contratar este producto el Banco no daba una clara información, no facilitaba al cliente simulaciones de lo que podía pasar cuando ellos sí que tenían tal información. No hubo claridad ni transparencia en la comercialización del producto antes de la firma. Era necesario que el cliente conociese los riesgos de las fluctuaciones de la moneda de la divisa en que se denominaba el préstamo y los problemas que podían acaecer. El año 2012 algunos bancos fueron multados por actuaciones de manipulación.

Si el Banco no tiene prueba de que se dio la información precontractual adecuada y no existe un redactado claro en la escritura no se podrá acreditar al Juzgado que se informó adecuadamente de los riesgos del préstamo.

La Justicia europea y la española confirman la nulidad de la hipoteca multidivisa en los contratos en que el banco haya incumplido sus deberes de información, declarando que las cláusulas contractuales que no se hayan negociado individualmente se considerarán abusivas cuando sean contrarias a las exigencias de la buena fe, causen perjuicio al consumidor y un desequilibrio entre los derechos y obligaciones de las partes.

Con estas alegaciones se podrá reconvertir el préstamo en euros y el banco deberá devolver las cantidades recibidas, todos los gastos, las tasas y las comisiones fijadas en moneda extranjera, más los intereses legales.